Es Culleram (IV)
Es Culleram, santuario de la diosa Tanit
La inmensa mayoría de materiales recuperados en el yacimiento demuestran que los siglos III y II a.C. fueron los de pleno funcionamiento del santuario. Así mismo, el texto neopúnico de la plaquita encontrada en 1923 no deja lugar a dudas de que Tanit era la diosa tutelar y de que había un grupo sacerdotal a su servicio. Su traducción, según Solá Solé, es la siguiente: Ha hecho y dedicado y reparado este muro de piedra (tallada?) Abdesmun, hijo de Azarb’al, El sacerdote, para Nuestra Señora Tanit la Poderosa Y Gad. El arquitecto (fue) él mismo. Y (él mismo) lo pagó.

Es Culleram: vista interior de la cueva
Cabe decir que Jean Ferron interpreta que lo que se dedica es la reparación de un robo, y que otros investigadores –como Littman y Delcor- interpretan que fue una estatua. Pero, en cualquier caso, todas las traducciones coinciden en lo esencial, de que el sujeto de la dedicación es la diosa Tanit y que el dedicante es un sacerdote a su servicio. La plaquita fue hallada en el primer recinto del santuario, pero se ha supuesto que provenía del interior de la cueva, junto con las tierras conteniendo materiales arqueológicos de las primeras excavaciones.
Pero no hay ningún motivo de peso para creer que su ubicación no fuese ésa, justamente porque la única parte del santuario donde había muros construidos era el primer recinto y, de acuerdo con el contenido de la inscripción, bien pudo alguno de ellos deteriorarse y tener que ser reparado, poniéndose luego la plaquita con la inscripción (reaprovechando una pieza antigua que en una de sus caras ya tenía un texto inscrito) para conmemorar el hecho.
La propia existencia del santuario implica una compleja infraestructura donde, además de los sacerdotes, habría otros sirvientes del lugar de culto, como los escribas que llevarían la contabilidad de los ingresos y gastos; los carniceros que sacrificarían y descuartizarían los animales; los encargados de la limpieza del recinto sacro; los alfareros que fabricarían los exvotos; los pastores que criarían los rebaños de animales para los sacrificios; el panadero que amasaría el pan y las obleas para las ofrendas y comidas rituales; y, posiblemente, músicos y bailarinas que acompañarían las procesiones y sacrificios. Pero, en ningún caso, prostitutas sagradas, puesto que éstas estaban adscritas al culto de Astarté y no al de Tanit.
Desde su descubrimiento, el nombre del yacimiento ha sido una cuestión polémica. Si revisamos la bibliografía lo encontraremos escrito de maneras muy diversas: cuyram, cuiram, cuyeram, cuieram, culleram. Carlos Román, en su libro Antigüedades Ebusitanas, publicado en 1913, ya afirmaba, sorprendiéndose de ello, que el topónimo, que conoció por boca de los propietarios de la finca y que se refería tanto a la propia cueva como al terreno circundante, era cuiram. Este término es un derivado del vocablo catalán cuiro, pero terminado con el sufijo aumentativo –am, lo que implica que su significado equivaldría a “lugar donde hay mucho cuero”. No obstante, él mismo no dejaba de tomar en consideración la posibilidad de que fuera un derivado de la palabra cullera (cuiera en dialectal ibicenco), que él escribía en un catalán todavía sin normalizar como cuyera).

Es Culleram: panorámica desde la parte exterior
Finalmente, dada la dificultad de justificar que en el lugar se hubiese trabajado o almacenado cuero, el topónimo ha sido normalizado como “es Culleram”, aceptando como probable la posibilidad de que antiguamente, el hallazgo de los fragmentos de cerámica antigua, sobre todo de figuras acampanadas, pareciese a los campesinos del lugar que se trataba de cucharas.
El final del Santuario de Es Culleram
El análisis de los materiales arqueológicos recuperados del yacimiento señala el final del siglo II o los primeros años del I a.C. como momento final del santuario. La gruesa capa de tierra oscura, con cenizas y carboncillos, dentro de la que había abundantes huesos quemados, así como numerosas figuras femeninas, muchas de ellas también o total o parcialmente quemadas, hicieron pensar que la causa de la desaparición del santuario habría sido un gran incendio que habría destruido sus dependencias. Pero este estrato arqueológico que descubrieron los primeros excavadores, en realidad parece producto del entierro sistemático en el interior de la cueva de los residuos y desperdicios de los sacrificios y comidas rituales. También, algún investigador ha relacionado la destrucción de Cartago en el 146 a.C., y sobretodo la conquista romana de las Baleares en el 123 a.C., con el fin del culto en es Culleram. Sin embargo, las investigaciones de fines del siglo XX pusieron de relieve que la causa más probable habría sido un gran derrumbe, posiblemente por causas naturales, que habría afectado principalmente al segundo recinto (o sea, la primera sala de la cueva natural), al ceder las numerosas grietas de la bóveda. De esta manera, se habría hundido el techo, así como las numerosas columnas estalagmíticas de la sala. Igualmente, muchos bloques han permanecido en equilibrio durante siglos, apoyándose unos en otros, sobretodo en la parte interior de la cueva (tercer recinto), de tal manera que si caía uno de ellos caían también todos los demás. Así pues, este hundimiento irreversible del santuario, tal vez atribuido a causas divinas, habría impedido su reconstrucción en el mismo lugar y el culto se interrumpió para siempre.
Las frecuentaciones posteriores de Es Culleram
Después del abandono del santuario a fines del siglo II o inicios del I a.C., hay un paréntesis de aproximadamente un siglo sin testimonios materiales en el yacimiento. Hay, a continuación, un semis púnico acuñado en Ibiza en el siglo I a.C., pero cuya circulación se mantuvo durante buena parte del I d.C. Por ello, esta moneda puede unirse a otro semis, también de la ceca de Ebusus, acuñado durante el reinado de Tiberio (14-37 d.C.), y a diversos fragmentos de cerámica que dan testimonio de visitas durante los siglos I, II y primera mitad del III d.C. Entre éstos podemos mencionar ánforas de producción local del tipo PE-25, posiblemente para contener vino. Hay, también, algunos recipientes de cocina y de mesa de sigillata clara norteafricana, así como alguna jarra de producción local. También lucernas, cosa lógica en una cueva, pero desgraciadamente muy fragmentadas, algunas con decoración en relieve sobre el disco, otras con una hilera de ovas en torno a ése, y varias de ellas con apéndices denominados “colas de golondrina”.

Es Culleram: vista de las entrada de la cueva
Estos elementos, dado su reducido número en relación al total de los materiales del yacimiento, han de ser interpretados como testimonio de una frecuentación muy esporádica del lugar, tal vez por personas que habían conservado la memoria de su antiguo carácter sacro y, en cuyo caso, como testimonio de una religiosidad de raíz púnica, justamente cuando Ibiza estaba en plena romanización. No obstante, tampoco puede descartarse de que en algún caso se tratara de visitas para saquear los restos del santuario y apropiarse de los objetos de valor que pudieran encontrarse por debajo de las ruinas. A partir de aquí, hay un largísimo paréntesis del que se carece de evidencias y que hay que suponer de completo abandono del yacimiento. Dos fragmentos de fuente o ataifor con decoración monocroma en color turquesa, datable hacia el siglo XII, ilustran alguna visita aislada en el período medieval andalusí (910-1235). Después hay una total ausencia de testimonios hasta el siglo XIX.






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