Es Culleram (VIII)
La diosa: Tanit la poderosa
El Culto a Tanit en Es Culleram (III)
La cuestión del culto a Deméter / Koré y la influencia siciliota
Hay muchos rasgos que emparentan es Culleram y sus representaciones femeninas con el culto a las diosas griegas Deméter y su hija Koré-Perséfone, que era particularmente importante en Sicilia. En las figuritas acampanadas, el kalathos que cubre su cabeza es un rasgo inconográfico característico de estas divinidades. También el mantón en forma de alas, influencia de la egipcia Isis, liga bien con todo este entramado, pues Herodoto asimila Isis a Deméter. Asimismo, en Akragas (Agrigento) el culto a esas diosas se celebraba en un santuario en el interior de una cueva. En Selinunte, a pesar de que el santuario de Deméter Malóphoros (portadora de manzanas) era un témenos a cielo abierto, las figuritas representando a la diosa son muy similares a algún ejemplo hallado en es Culleram.

Es Culleram: detalle exterior de la cueva
En efecto, en el santuario ibicenco, además de las figuritas acampanadas, también se han encontrado, aunque en menor número, otras terracotas. Hay algunas del estilo de Tanagra, así como de otros modelos helenísticos, principalmente siciliotas, que derivan de prototipos de época clásica. Entre ellas algunas piezas planas, hechas con molde univalvo a menudo muy gastado, representando una figura femenina de medio cuerpo o de cuerpo entero, tocada con kalathos y con un velo cayéndole por la espalda, que en Sicilia se relacionan directamente con el culto a Deméter / Koré. Las más comunes, conocidas también en otros yacimientos ibicencos, sobre todo en el Puig des Molins, llevan una antorcha en la mano derecha y en la izquierda un animalito (cerdito, paloma…). También, otras similares llevan una criatura de corta edad en brazos (posible representación de Deméter llevando en brazos a Koré), o una cesta de frutas. Otro modelo, bien conocido en el Puig des Molins, de frente y con tres vueltas de collar, reproduce un modelo habitual en los centros sicilianos de Gela, Agrigento y Selinunte. Igualmente, los pebeteros en forma de cabeza femenina son elementos habituales del culto a Deméter. Pero ello no es suficiente para demostrar un culto a estas divinidades en el santuario púnico de es Culleram.
Según Diodoro Sículo, reproduciendo informaciones de Timeo de Taormina, el culto a estas diosas fue introducido en Cartago en los inicios del siglo IV a.C., como expiación por la destrucción de su santuario, en las afueras de Siracusa, por el ejército púnico en el año 296 a.C., durante el asedio de dicha ciudad. No obstante, no parece que dicho culto se enraizara en la religión popular cartaginesa y, con la excepción de los centros sicilianos, donde los púnicos convivían con los griegos, no hay constancia fehaciente de él en ninguna otra ciudad púnica. En cualquier caso, el carácter de madre tanto como el de diosa de la agricultura de Deméter, así como la personalidad ctónica de Koré (que fue raptada por Hades y, a pesar del rescate por su madre, adquirió el carácter de “soberana de los infiernos”), aproximan estas divinidades a algunos de los rasgos más característicos de Tanit. Por ello, a pesar de que no hay completa unanimidad entre los investigadores acerca de esta cuestión, tampoco puede sorprender que los púnicos adoptaran una iconografía griega, muy extendida y conocida, para representar a su principal diosa femenina, Tanit, subrayando determinados aspectos: diosa agrícola y diosa de la muerte.
En el caso concreto de es Culleram, el arte de los alfareros púnico-ebusitanos habría adoptado una inconografía emparentada con la de Deméter / Koré, juntamente con algunos rasgos propios y otros de influencia cartaginesa, para representar a la diosa de la Tierra, del subsuelo y de la muerte, estando estos últimos aspectos subrayados por el carácter semisubterráneo del santuario. Y esta diosa no podía ser otra que Tanit.
Los fieles y las ofrendas
Dejando de lado las figuritas acampanadas, consagradas como exvotos para las celebraciones de culto a la diosa, hay muchos otros elementos recuperados en es Culleram que pueden considerarse ofrendas y permiten obtener datos sobre los fieles que los donaron al santuario.
Se ha afirmado que es Culleram, dada su posición geográfica, además de por la población local, habría sido frecuentado por marineros y viajeros de paso, para agradecer un trayecto sin incidentes, o pedir que el viaje que se iba a emprender les fuera venturoso en un mar siempre lleno de peligros.
En este sentido, cabe señalar una pequeña terracota que parece testimonio de una religiosidad distinta a la propia de la isla. Representa un individuo aparentemente masculino, con un cuerpo muy esquemático de forma troncocónica, que lleva una especie de capucha con dos cuernos. Está hecha de una pasta con las características habituales de las arcillas ibicencas, lo que confirma que es obra de un alfarero local. ¿Podría ser el encargo de un viajero de paso, practicante del extraño y poco conocido culto de los Cerestae, practicado en Chipre hasta bien entrada la época romana, por iniciados o sacerdotes que llevaban más caras con cuernos? ¿O bien de un devoto de Ba’al Qarnêm (que en púnico significa “Baal de los dos Cuernos”), cuyo santuario se hallaba en Djebel Bou Qourneïn (en árabe, literalmente, “Montaña de los dos Cuernos”), próximo a Cartago y caracterizado por tener dos cúspides (donde está documentado el culto a Saturnus Balcaranensis durante toda la época romana, hasta el siglo IV d.C.)? El hecho de que no se conozca ninguna otra representación similar, ni en Ibiza ni en todo el mundo púnico, no hace nada fácil interpretar el significado de esta figurita y encontrar una respuesta segura.

Es Culleram: vista interior de la cueva
Otras ofrendas nos hablan de los rasgos sociales de los oferentes. Es evidente que los donantes de los magníficos medallones de oro y plata debían ser personas de una posición social muy elevada, que podían amortizar piezas valiosas como ofrenda a la diosa. Otras piezas, en cambio, como los siete pesos de una red o el escandallo de plomo, nos remiten a personas dedicadas a la pesca que, posiblemente, desarrollarían un culto a la divinidad en petición de buenas capturas, ofreciéndole como donativo algunos de sus aparejos de pesca. Por lo que respecta a las monedas, podían haber formado parte del pago por los sacrificios u otros servicios del santuario, o bien podrían haber sido ofrendas a la divinidad por personas de modesta condición que sólo podían donar una pequeña cantidad de numerario.
Los fragmentos metálicos de asas y arandelas de cobre y hierro, los fragmentos de hueso trabajado, o la tapita de plomo, nos hablan de pequeños recipientes de madera o metálicos –cajitas, cofrecillos o similares-, tal vez destinados a contener substancias olorosas, ungüentos u otros productos ofrecidos por los fieles, o bien del propio servicio del santuario.






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